Este año los vinos de la Ribera del Duero han celebrado su 40 aniversario. Fue un 21 de julio de 1982 cuando se firmó en la Estación de Metro del Retiro de Madrid el acta fundacional de la Denominación de Origen, constituyéndose así el Consejo Regulador oficial y aprobándose el primer reglamento de la DO Ribera del Duero.

Ese día comenzaba a escribirse una historia que tiene sus raíces en la época vacante y que es reflejo de una tradición histórica, la que une un centenario de localidades de Burgos, Soria, Segovia y Valladolid con la viña y el vino.

Aquella decena de bodegas y cooperativas que arrancaron el proyecto, impulsados ​​por la gente de las administraciones, son hoy una gran familia de 307 elaboradoras y cerca de nueve mil viticultores. Una realidad que ha cambiado la vida de este territorio rural, motor económico, social y cultural, y la forma de entender la viticultura a todos los niveles.

Una de aquellas diez bodegas fundadoras fue Bodegas Protos, quien cedió el nombre «Ribera del Duero» para la creación del Consejo Regulador.

Historia de Bodegas Protos

Fue en el año 1927 cuando un grupo de once viticultores se constituyeron en cooperativa para comercializar los vinos que producían. Se trató de la Sociedad Cooperativa de Peñafiel «La Primera en la Ribera del Duero».

Gracias al esfuerzo y propósito de producir vino de calidad su trabajo tuvo su espaldarazo definitivo cuando dos de sus vinos tintos adquirieron la medalla de oro en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Estos premios hicieron que sus vinos se conocieran y comercializaran a nivel internacional.

En el año 1931, la cooperativa pasó a ser un sindicato agrícola con el nombre de Bodega Ribera del Duero «La Primera en la Ribera». En 1947 se vuelve al estatus de cooperativa, denominándose la «Cooperativa Bodega Ribera del Duero de Peñafiel» con cincuenta y dos socios.

Cuatro décadas después, contando la cooperativa con 282 socios, se reconoció la necesidad de ampliar sus instalaciones en la comarca dadas las expectativas de mercado. Se inició la construcción de una nueva bodega a los pies del castillo de Peñafiel, con capacidad para 3500 barricas.

En los años ochenta, y como consecuencia de la creación en 1982 del Consejo Regulador que os hemos comentado al inicio, la cooperativa cambió su nombre original, Cooperativa Bodegas Ribera del Duero, por el de Bodegas Protos (del griego protos, primero). Cediendo el nombre «Ribera del Duero» para la creación del consejo, autorizando su uso para identificar a la denominación de origen.

Desde entonces Bodegas Protos no ha hecho más que agrandar el nombre de la Ribera del Duero transformándose, tras varias e importantes reformas de ampliación, en una de las bodegas más características y grandes, tanto en tamaño cómo en volumen, de nuestro país, además de ser un absoluto referente internacional de vino de calidad.

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Todo esto que os contamos, mucho mejor, más extenso y en «in situ», es lo que cuentan en las visitas de enoturismo que ofrecen Bodegas Protos. Son varias las opciones, para ir con niños o solo para adultos, entra las que el cliente puede elegir, pero el punto de partida siempre es el mismo la bodega subterránea de crianza a los pies del Castillo de Peñafiel.

Son varias las opciones entre las que podemos elegir, en nuestro caso, al ir con niños optamos por la visita «Protos» (15€ por adulto, 5€ por niñ@) con cata final de dos de sus vinos (Protos Crianza y Protos Verdejo).

Antes de hacer la visita en sí nos mostramos a través de varios vídeos la historia de Bodegas Protos, desde el sueño de una vez «locos» hasta nuestros días. Desde allí accedemos al túnel, de más de 2 kilómetros, en el cual se mantiene el vino en barricas de roble francés y americano para su crianza.

Entre el recorrido por el túnel y las cubiertas de las guías nos encontramos con varios espacios como son el «Cementerio de Botellas», donde guardan botellas de sus primeros y más destacados vinos, a otros como la «Sala Especial» donde han creado unos nichos a modo de botelleros dedicados a los embajadores de la marca.

Una vez terminado el recorrido por parte de la bodega subterránea accedemos a las nuevas instalaciones de 23.000 m². Esta ampliación de la bodega actual, a la cual está conectada por unos túneles, se caracteriza por su integración en el entorno con un edificio semienterrado y una cubierta vegetal. Un espacio de transición de una a otra que bien parece, como nos apuntan en la visita, un aeropuerto o una moderna estación de metro.

Para finalizar, y terminar con el mejor sabor en boca, en la sala de catas, nos dan a degustar los vinos incluidos en la visita y mosto para los niños.

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